Por qué asistí al #20S

Por: Luisa Quintana

Esta opinión podría comenzar como un simple relato… “Érase una vez, las movilizaciones estudiantiles de la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala, que tuvieron su auge a mediados de la década de 1970”. A pesar de las contradicciones y discrepancias que existían en el ambiente cultural de la universidad en ese entonces, el mismo era propicio a la transformación social, (Sáenz de Tejada, 2011).

La situación actual no dista mucho de la de esa época, a excepción de la represión que existía. La misma demanda de reformas, de transformación académica, y del país en general que promovía a la organización estudiantil a actuar, es la misma que nos debe impulsar ahora.

Sin embargo, la intención de este texto no es un recuento global sobre la regulación social dentro de la Academia. Se trata del actor particular dentro de la comunidad universitaria, el estudiante, el deseo intrínseco dentro de cada uno, como parte de un todo: ser una pieza importante en él.

No obstante, al definir “unión” no es caer en el fascismo, Guatemala no es un país igualitario, mucho menos uno solo. Es multiétnico, multilingüe; existen divisiones socioeconómicas. Es uno de los asuntos que debemos tener claro para un avance real. Ahora bien, las razones desde mi punto de vista como estudiante, son únicamente tres. La primera es, el compromiso como estudiante activa de la USAC, formo parte de ese todo. Caminar cinco horas bajo el sol imperante, expuesta a cualquier situación que pudiera salir mal, no es una decisión ligera. Debo agregar en esta razón, mi deber social como ciudadana guatemalteca, al igual que todos, con respeto a los artículos 33 y 35 de la Constitución de la República de Guatemala.

La segunda razón es porque me molesta el juego político sucio, y el hecho de que estamos al borde de ser un “Estado fallido” desde hace años, según índices recaudados por “El Fondo por la Paz” (The Found for Peace), anualmente, Guatemala se encuentra en el puesto 57 el presente año (2017), y ha estado en peligro desde 2006. Es decir, desde que la organización inició con los análisis.

La tercera fue la esperanza que surge de la participación de la AEU, que tome fuerza, que al menos tenga una chispa revolucionaria de trascendencia, como la tuvo Oliverio Castañeda de León cuando estuvo al frente y pagó con su vida por colocarse a la altura de las exigencias del tiempo histórico que le tocó vivir. Pero al menos tener el coraje de enfrentarnos a lo que venga.

El asunto es, ¿Algún día Guatemala verá alguna lumbre de justicia real? Y a falta de líderes aptos para gobernar, ¿A quién elegiríamos si sacamos a todos, y aún así lucharan porque permanezca el mismo linaje?, ¿Qué haríamos cada uno de nosotros si estuviéramos en el poder? Al cuestionarnos, debemos proponer soluciones y no rabietas.

Ojalá logremos algo tan grande como el derrocamiento de Estrada Cabrera en 1920, el de Ubico en 1944 y el de 2015 contra Otto Pérez y Baldetti. Todo depende, sobre todo, de cada uno, como individuo.

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