En estas condiciones no queremos elecciones

El pasado domingo el Director de la Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC), en su columna, nos animaba a no abandonar la plaza. Es necesario saber qué no se han logrado los cambios de fondo para la transformación de Guatemala, es por ello conveniente seguir en la plaza ya sea física o virtualmente (activación en redes sociales).

El 24 de agosto del año en curso, en conferencia de prensa, el Jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), Iván Velásquez, dijo: “el financiamiento electoral ilícito es el pecado original de la democracia guatemalteca”, frase llena de verdad, doliente verdad.

Los casos de corrupción están ligados al problema de fondo que menciona el Comisionado Velásquez, el financiamiento electoral ilícito es un ejercicio “común” en el juego de los partidos políticos, por ello que tenemos a un presidente que dice: la corrupción es normal; no señoras y señores, no es normal, es un delito y solo porque no se había perseguido antes, no se puede decir que la justicia sea selectiva, en algún momento y con algún grupo tenía que iniciar, nosotros las y los ciudadanos tenemos la corresponsabilidad de acompañar esta lucha.

Por ello no debemos olvidar los casos: La Línea, Cooptación del Estado, Construcción y Corrupción, Botín Registro de la Propiedad, Negociantes de la Salud IGSS-Pisa, IGSS-Chiquimula, Bufete de la impunidad, Agua Mágica Lago de Amatitlán y La Coperacha; casos que suman más de cien prófugos de la justicia.

Desde el inicio de este “pecado”, sabemos muy bien que los financistas/inversionistas de partidos políticos no lo hacen por pura simpatía a la ideología o bandera política; es por inversión, porque saben que recibirán ganancias; las ganancias van desde cosas “normales” como contratación en una entidad pública, contratación de familiares, otorgar obra pública a sus empresas, capacidad de influencia política nacional, internacional y económica, hasta privilegios en procesos judiciales. Las ganancias son proporcionales a su inversión en el partido.

Los partidos políticos en el país tienen una gama de inversores, están dispuestos a patrocinar sus sueños lúdicos de ser Presidente, Diputado o Alcalde; solo se necesita dinero para aceitar la máquina electoral; no importa si este dinero es lícito o no, lo importante es que la y el votante conozca al candidato/producto. El sistema está construido de esta forma y es por ello que se ve “normal”. A esto debemos sumar que la “mayoría de dinero que financia la política” en el país es ilícito, tal como lo señala la CICIG en su informe “Financiamiento Político en Guatemala” del 2015.

Dinero y poder están ligados en los procesos democráticos, aunque digan que en la última elección no fue así, pues dicen que ganó la presidencia un partido político con poco dinero; no es del todo cierto, después de años de transmisión del programa “Moralejas” en televisión abierta (propiedad del ángel de la democracia), programa  que por cierto malo en producción, malo en contenido y con malos actores, se transformó en plataforma electorera. Por años vendieron la imagen del ahora presidente, si usted suma los costos, se dará cuenta que no fue una campaña ni barata ni corta;  los pocos 6.7 millones de quetzales que lo señalan es solo una mínima parte de todo aquello que no se conocerá hasta que puedan investigarlo.

Es por ello que las reglas del juego, en este caso Ley Electoral y de Partidos Políticos debe ser reformada, en el 2016 se lograron algunos cambios, pero es el momento que exijamos cambios profundos en el sistema electoral. No podemos ir nuevamente a las urnas con las mismas reglas. Independientemente de quiénes estén en el Palacio Legislativo, si renuncian o no, debemos pedir las reformas.

Aunque las leyes actuales digan que todas y todos tenemos derecho a elegir y ser electo, en teoría se puede, pero, en la práctica política es imposible. Usted no tiene 5 millones de quetzales para comprar las primeras casillas en el listado de diputados en su distrito, tampoco tiene familiares que lo puedan apadrinar ni tampoco sangre azul.

Ejercer ciudadanía va más allá de ir cada cuatro años a votar; es exigir, es denunciar, es manifestarse, es organizarse y participar, ya sea en la plaza central o en la plaza virtual (desde cualquier dispositivo); no podemos pretender que las madrastras y los padrastros de la patria lo hagan por interés patrio, si no existe una ciudadanía activa no se logrará. Por ello propongo que desde nuestro espacio físico o virtual pidamos cambios al sistema electoral, porque #EnEstasCondicionesNoQueremosElecciones.

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