Crisis y los inmorales ingresos del presidente.

Por: Luis Fuentes

El presidente Jimmy Morales, no llega a la mitad de su periodo y se encuentra sumido en una de sus peores crisis; varias minicrisis que le antecedieron a la actual, fueron el anuncio de lo que hoy vive nuestro país. Todo un “deja vú” en las calles; primeras planas y titulares de medios de comunicación comprometidos con el cambio y otros con la parte oscura que ha ensombrecido por años al país; redes sociales utilizadas, por un lado como verdaderos movilizadores de rechazo al estado de cosas y por otro, los netcenters como neutralizadores y generadores de confusión.

Aunque hay todo un abanico de temas, estas líneas servirán para enfocaremos en los ingresos del presidente, en concepto de salarios y de bonos especiales, relacionados con la impactante realidad que el guatemalteco común y corriente vive a diario.

Guatemala, cuenta con la carga tributaria más baja de Latinoamérica, lo que conduce a tener año con año un presupuesto desfinanciado; lo que obliga al país a recurrir al endeudamiento para financiar los gastos de todo el aparato estatal. De manera inmediata, en especial ello tiene efecto directo en el gasto y la inversión social (salud, educación, vivienda, seguridad social y otros). De allí que no es casualidad, que tengamos indicadores sociales vergonzosos: 60% de pobreza y pobreza extrema, el 50% de niños menores de cinco años padecen de desnutrición crónica, un mercado informal del 80% vrs. un 20% de empleo formal y de seguridad social, una alarmante 38% de deserción escolar en primaria y otros números no menos graves.

Con esas condiciones, resulta verdaderamente inexplicable como, a pesar de esas elevadas estadísticas y los números rojos de nuestra economía, nos damos el lujo de tener al presidente mejor pagado de Latinoamérica; el presidente de Guatemala, gana muchísimo más que sus homólogos de países como: Brasil, Chile, Argentina, México y Colombia, cuyas economías son mucho más grandes y más desarrolladas. Pero la cosa no se circunscribe al gobierno actual, hoy debido a la crisis en la que se encuentra sumido el país, han salidos a relucir gasto desmedidos e injustificables como el tema salarial. Fue en mayo de 2004, cuando el entonces presidente, Berger y su vice, Stein, se auto recetaron un incremento superior al 300%; en contrapartida, en su primer año de su gobierno, no hubo incremento al salario mínimo, pues ello era dañino para la economía del país.

Pero la cosa no se queda allí, tenemos un presidente que gana alrededor de $19,300.00, lo que legal y teóricamente deberían de ganar más de 50 trabajadores guatemaltecos (52 salarios mínimos!!), pero además de tener un salario estratosférico, fuera de la realidad del país, como a todo gobernante el Estado le paga a él y toda su familia, alimentos (grandes y lujosas viandas), vivienda, seguridad vestuario y todos sus gastos de bolsillo. Con salarios más realistas y decorosos, los presidentes de: Venezuela, con $4,068.00; el de Perú, con $4,765.00; el de Bolivia con $3,300.00, ganan en promedio lo que devenga un diputado del congreso de Guatemala. El vicepresidente Cabrera gana cerca de $18,000.00.

Pero el asunto da para más indignación, mientras el salario mínimo en el país es de Q2,893.21, que cubre apenas un 65% de la Canasta Básica de Alimentos (sólo para comer), nuestro presidente devengo durante más de 9 meses de su subalterno, el Ministro de la Defensa, en concepto de “Bono Especial”, la módica suma de Q50,000.00, que en total hacen unos 18 salarios mínimos. Más allá de la suma y las comparaciones que resultan humillantes, nos encontramos ante un gobernante del que se preveían desaciertos y desatinos, pues un partido sin base, cuadros medios, ni plan de gobierno, no era difícil de pronosticar su fracaso.

La tinta da para más, hay mucho por revisar, mucho por corregir, alcaldes, como de Guatemala devengando más de $10,000.00; las grandes desigualdades del país se trasladan a salarios y beneficios económicos de gobernantes, mientras gobernantes hacemos asentimos lo expresado por Imannuel Kant en su sentencia: los políticos moralistas son un derivado de los acomodos de moralistas políticos.

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