Concatenación y sociedad

Existe un espacio de contención social, denominado por Lotman (1996), semiósfera. Es decir, aquél mundo de signos en el cual habitamos e interactuamos guiados estrictamente por códigos, que a su vez, Guiraud (1960), dentro de la categorización que realiza de los extralingüísticos, describe a los sociales. Y esto porque cada cultura crea sus propias normas de conducta y comportamiento. Sin embargo, todo tiene sus “pros y contras”. Durante las últimas décadas, el mundo ha sufrido diversidad de cambios como producto de la alteración de normas, es decir, no se respetan los códigos establecidos. El sistema, por sus actividades egoístas, está agrediendo, golpeando y avergonzando a la sociedad con guerras, gobiernos corruptos, discursos de odio, entre otros.

Recientemente, tres huracanes alineados en el Océano Atlántico, han azotado a los que están preparados y a los que no, causando desastres y dejando a su paso muertes y a muchos pobladores de América, en constante alarma. Pareciera que Pachamama está pasando factura, por las décadas de negligencia humana por el maltrato que se la ha ocasionado.

¿A qué me refiero con maltrato? En un artículo relacionado al medio ambiente, leía que el cambio climático, como el calentamiento global, no se genera solo. Los seres humanos, con fines de lucro, son los que han contribuido a que las altas temperaturas de la superficie del mar y el viento, que a su vez provocan la evaporación del agua oceánica, nubosidad y precipitación; liberan grandes cantidades de calor. Con esto, la presión atmosférica desciende y aumenta el viento y la evaporación, en consecuencia, los huracanes. Pero, ¿qué hay con los problemas sociales?

Actualmente hay 22 países en guerra, y según datos del Fondo de las Naciones Unidas Para la Infancia UNICEF, en sus siglas en inglés; alrededor de 300 mil niños participan en estas. La mayoría de estas naciones tienen conflictos bélicos internos, aunque los problemas internacionales no quedan fuera de esta lista. Como siempre, lo único que han dejado a su paso, es hambre, pobreza, desnutrición, mortandad y desesperanza para miles de familias y niños inocentes.

Para tener una cifra, en el 2017, el recuento total de víctimas por ataques terroristas asciende, según la Universidad Austral, a 3,205 en todo el mundo. En un artículo publicado en la Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura, la internacionalista Soraya Zuinaga, explica que hay autores que definen el terrorismo como los actos que tienen por finalidad producir terror, también se considera que este hecho, es el medio para lograr objetivos de carácter político.

Otro factor que mantiene supeditada a la humanidad, son los gobiernos sumergidos en la corrupción y en la incapacidad de sus dirigentes. Estos, han hecho de Latinoamérica una región que está colocada en los índices más altos de pobreza, falta de educación, sistemas de salud decadentes; servicios básicos insuficientes, falta de gobernabilidad, sistemas de justicia deficientes, entre otras cosas.

En este sentido, Guatemala ha padecido una constante de gobiernos nefastos. Para no ir tan lejos de la historia, no porque la historia no merezca ser reconocida, recordada y citada, sino porque el 59% de pobreza, según datos de la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida ENCOVI, se relaciona con los últimos tres períodos de gobierno del país.

Para ajuste de cuentas, se suma la ira y el desprecio que diferentes grupos políticos y sociales, reflejan en sus discursos por distintos medios de comunicación. Pareciera que la humanidad se encuentra en una concatenación de problemas, producto de su mal proceder. ¿Será entonces menester social el dañarnos en la semiósfera en la que estamos? El mundo que habitamos, el país donde residimos, nuestra comunidad y el hogar que nos abriga, nos están demandando hacer conciencia social, respetando nuestros códigos de conducta.

Es por eso que teóricos como Guiraud, Saussure, Buyssens, entre otros; explican que la teoría semiótica no se trata exclusivamente de un acto de lectura, sino más bien de una actitud de búsqueda de lo que existe, de toda significación en el acto de una adecuada comunicación, cuyas raíces y sus mecanismos de codificación ayudan a sostener a distintas sociedades, independientemente de sus estilos de vida.

Sin duda alguna, la adecuada forma de utilización de los códigos sociales, el respeto, la empatía y el cuidado del medio ambiente; pueden cambiar la forma de interactuar en nuestra vida cotidiana. Pero primero, debemos empezar por nosotros mismos reflejándolo en nuestro microsistema, el cual es definido por Bronfrenbrenner (1992), en su modelo ecológico, como el nivel más cercano al sujeto que incluye los comportamientos, roles y relaciones características de los contextos cotidianos.

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