LA CARNE ROJA, UNA DROGA QUE MATA

CON FILO

Periodista Independiente: Marco Melgar

En este convulsionado mundo en el que vivimos, hay personas adictas al deporte, trabajo, drogas, alcohol, poder y a las selfies; pero casi nadie menciona la adicción a la carne. Las adicciones son conductas peligrosas o de consumo de determinados productos, de las cuales no se pueden prescindir o resulta difícil dejarlas, por razones de dependencia psicológica e incluso fisiológica.

Comer carne nunca ha sido un alimento muy saludable, pero consumida de forma esporádica, tal como ocurría antes de la era industrial, no causaba demasiados problemas sanitarios; pero en la actualidad tiene otros riesgos y lo que hoy debe de preocupar especialmente a los consumidores, son los derivados de la ganadería intensiva en granjas y explotaciones industriales, o sea un ganado engordado a base de hormonas, antibióticos y sedantes para el estrés.

La carne contiene grasa saturada y al consumirla en exceso, se elevan los niveles de colesterol en el cuerpo humano, además está cargada de purinas, que elevan los niveles de ácido úrico y envenenan el cuerpo, las consecuencias son las enfermedades como la arteriosclerosis, que es una cantidad exagerada de grasa en las arterias, ahora el exceso de ácido produce la gota, y el resultado final son los dolores en las articulaciones.

Es necesario hacer mención que el cuerpo humano, no fue diseñado para el consumo de carnes; para empezar, nuestra dentadura no es como la de un felino, los carnívoros nacieron con unos dientes para desgarrar la carne, además el intestino es mucho más corto que el de los herbívoros, pues la carne debe de ser digerida y eliminada rápidamente para evitar putrefacciones. Nosotros tenemos el intestino más largo y por eso es que al comer unas carnitas, muchos padecen de dolores de cabeza, erupciones cutáneas y alergias, especialmente cuando se padece estreñimiento.

Por si fuera poco, también podríamos padecer de canceres, obesidad, y osteoporosis. Según estudios, un kilo de bistec a la brasa podría contener benzopireno, que es una sustancia cancerígena, que encontraríamos fácilmente en 600 cigarrillos.                Un análisis hecho hace algunos años, por la Universidad de Harvard de los Estados Unidos con 89,000 mujeres, a las que se les siguió durante seis años y que consumían frecuentemente grasa animal, la conclusión fue que aumentaron la posibilidad de padecer de cáncer de colon.

Dichosos los abuelos, ellos se daban el lujo de consumir carne menos dañina que la actual.  Es común, que, en mi centro botánico, las personas pregunten el porqué la carne de antes era más saludable que la actual, me corresponde entonces hacerles la siguiente aclaración; lo que sucede es que antes el ganado bovino y el porcino era engordado en el campo, o sea al aire libre; pero hoy los animales son enjaulados en las granjas y eso hace que su corta vida sea muy sedentaria, el resultado es una carne sobrecargada de grasa saturada.

Nuestros ancestros disfrutaban de las carnes de una manera más racional, porque el consumo era en determinadas épocas, coincidiendo con las matanzas con las fiestas, por ejemplo; en mi casa casa para disfrutar del caldito de res, tocaba que esperar que llegara el domingo. Hoy es difícil no caer en la tentación de la carne ya que los medios de comunicacion nos desinforman, invitándonos a consumir puyazos, hamburguesas y pizzas. Y mientras el pueblo se envenena y se enferma, los poderosos de la industria de la carne agrandan sus cuentas bancarias, las farmacias agotan sus químicos y en los hospitales se saturan las emergencias.

Afortunadamente no todo está perdido, ya que la bendita naturaleza a través de las frutas, semillas y verduras nos proporcionan las vitaminas, minerales, grasas y el hierro que necesitamos para vivir. No vivamos para comer, sino comamos para vivir, no seamos cómplices de ese maltrato y explotación que sufren los animales en las granjas, solo para satisfacer nuestro paladar. Gandhi, Leonardo Da Vinci y Edison, eran vegetarianos; Pitágoras pensaba que matar a las bestias para comer, contamina y brutaliza el espíritu humano.

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